El Dilema de las redes sociales invita fuertemente a la reflexión y al replanteamiento del uso que hacemos de las nuevas tecnologías.
La industria tecnológica ha estudiado el comportamiento humano y los procesos psicológicos para generarnos una adicción y dependencia a las redes sociales y a Internet.
La invasión de las redes sociales e Internet en nuestras vidas conlleva una mayor responsabilidad y control por parte de los adultos con respecto al uso que hacen los hijos.

Seguro que muchos de vosotros ya habréis visto (o al menos habréis oído hablar) acerca del documental de Netflix el Dilema de las Redes Sociales. Decidí verlo porque me lo recomendaron y me interesa mucho como usuaria que soy de redes sociales; también como madre, por mi hijo a futuro, y por los niños y adolescentes en general. Creo que el consumo de Internet y redes sociales es algo que a los padres y a las madres les preocupa bastante en la actualidad.
La consecuencia más negativa de las redes sociales
En primer lugar, nunca me han gustado los extremos. Parto de la realidad de que vivimos en un mundo tecnológico, y con una tendencia creciente evidente en este sentido. No podemos vivir ajenos a la tecnología, ni a internet ni a las redes sociales. De hecho, muchos puestos de trabajo hoy en día van vinculados a todo ello.
Ahora bien, cada vez más, sabemos los entresijos que hay detrás de las redes sociales. Como se expone en este documental, este mundo virtual ha estudiado perfectamente el comportamiento humano y los procesos psicológicos. Por ello, todo está preparado para generarnos una adicción y dependencia a las redes sociales y a Internet.
Recomendaciones para gestionar el consumo de Internet con nuestros hijos
Teniendo en cuenta estas premisas previas, planteo mis reflexiones y recomendaciones:
- Mayor responsabilidad de los adultos. En este caso principalmente, los padres y las madres actúan como ejemplo para los hijos. Es recomendable limitar el uso que hacemos delante de ellos. Y por otro lado, en casa se pueden establecer normas para un consumo responsable. Por supuesto, os invito a instalar buenas soluciones de control parental en los dispositivos de vuestro hogar para proteger de los contenidos peligros.
- Controlar los tiempos de exposición a pantallas. Cuando se plantea esta pauta a la familia, ésta debe preguntarse ¿Cuándo lo uso? ¿Cómo lo uso? Y ¿Para qué las uso?. No es lo mismo necesitar el ordenador o la tablet para hacer un trabajo de Ciencias del colegio, que para el entretenimiento. En este sentido, se pueden delimitar los usos, y pactar los horarios juntos; pero esto es algo más extenso, y depende de cada adolescente y familia.
- Retrasar la edad de acceso a redes sociales. He llegado a ver casos de niños consumiendo redes sociales con 7 años y me parece demasiado pronto. Generalmente, en la adolescencia (alrededor de los 12 años) es bastante común que empiecen a tener móvil y redes sociales. Aquí ya será importante también regular el tiempo de consumo. No obstante, si nuestros hijos e hijas empiezan a tener redes sociales antes de esta edad, aún cobran más relevancia todas las recomendaciones previas.
- Fomentar el pensamiento crítico desde la niñez y en la adolescencia. Hay que enseñarles a cuestionarse lo que leen y lo que ven. No deben creerse todo lo que hay en Internet. Hacedles pensar, planteadles preguntas, invitadles a reflexionar. Estas generaciones han nacido ya con las redes sociales e Internet, lo quieren todo mascado, y a golpe de un click. Antes cuando hacíamos un trabajo, recuerdo que íbamos a una enciclopedia de la biblioteca, y ahí estaba todo, tenías que leerlo y resumirlo. Ahora en internet solo tienen que cortar y pegar, y por ello, muchas veces ni leen. Tenemos que contribuir a que los adolescentes desarrollen una actitud crítica, y están en una etapa idónea para ello.
- Crear un buen clima comunicativo en casa, donde los padres seamos un puerto seguro al que acudir a contrastar información cuando lo necesiten. Aunque en la adolescencia los amigos son su principal referencia, los padres los padres y las madres siempre deben estar ahí, vigilantes, sin invadir, y preparados para cuando el adolescentes les necesite. Incluso nosotros mismos, al estar en las redes sociales podemos plantear debates en casa, de manera que expongamos ideas, invitemos a reflexionar, pensar, discutir, rebatir… hablando de ejemplos reales de información y noticias falsas que hay en Internet. Además, es positivo que en casa hablemos con normalidad de los riesgos de las redes sociales.
- Planes de Prevención en colaboración familia – escuela. Teniendo en cuenta todos los efectos negativos, se deberían establecer planes de prevención dónde se explicase a los niños y a las niñas de qué manera funciona internet y las redes, fomentar sesiones de trabajo en autoestima, inteligencia emocional… enseñarles noticias falsas, cómo se propagan las fake news. Hay que entrar en su mundo, saber sus redes sociales favoritas, y acompañarles a que reflexionen sobre ellas.
- Promover los aprendizajes significativos y cooperativos. Entrenar su capacidad de asombro y curiosidad en el aula, sin tecnologías, apoyándose en los conocimientos de todo el grupo. Es cierto, que esto se hace mucho en la Etapa de Educación Infantil, pero se debería seguir implementando hasta Secundaria
- Fomentar actividades de entrenamiento de atención y memoria en su día a día, y hábitos saludables: sudokus, sopas de letra, la lectura, crucigramas, juegos de mesa, deporte, baile, música… estimular el cerebro fuera de las pantallas potenciará su rendimiento académico.

Internet es la antítesis de la tolerancia a la frustración
Ahora os podéis preguntar: ¿Cómo saber si a mi hijo le está afectando el uso de las redes sociales e Internet?
Podría haber varias señales, pero para mí un signo muy llamativo sería cuando os responde de una manera agresiva y desprende rabia ante los límites de uso que le habéis puesto. Por eso, es importante no apartar al niño de las redes ni tomar decisiones extremas, sino enseñarle buen uso, límite de uso, control parental siempre y seguridad.
Te animo a que observes el estado de ánimo de tu hijo antes de usar las redes sociales (si está muy ansioso, desesperado, enfadado…) y durante el uso. Y como decía, presta atención a su actitud después del uso: si notas que le cuesta apagar el ordenador o el móvil, que a pesar de haber consumido el tiempo te insiste para seguir…
Internet y las redes sociales lo dan todo inmediato. Quieres algo ya, y lo tienes con un solo click. Es la antítesis de la tolerancia a la frustración. Rompe con el esquema de la paciencia y la espera. Si antes era importante que los padres educaran de esta manera, ahora lo es más, y la tolerancia a la frustración debe estar presente durante el tiempo que los chicos y chicas pasan fuera de las pantallas. Los valores de la paciencia, la espera y la tolerancia a la frustración se tienen que sembrar y asentar en la infancia para que cuando las nuevas tecnologías llegues a ellos en la adolescencia, ya haya una base estable y sólida asentada.
Lo que no debemos hacer los padres
Los padres y las madres no deben crearse perfiles falsos para controlar a sus hijos. No se debe acceder a sus perfiles, sin su permiso, salvo que haya una situación de alto riesgo para el menor. Hay que entender que los perfiles en las redes sociales son espacios privados, personales; imagina que alguien entra a tu facebook o instagram sin tu permiso, te molestaría ¿verdad? Con ellos sucede lo mismo. Hoy en día, acceder sin permiso a sus redes sociales es como si tus padres hubieran leído sin tu consentimiento el típico diario que teníamos antes. Siempre va a ser mejor que te ganes la cercanía con tu hijo o tu hija, aproximándote con una comunicación asertiva , y con una actitud de interés hacia sus hobbies, su música, sus gustos de ropa…. Los padres deben respetar la intimidad y llevar a cabo una supervisión, no control; primero, debemos responsabilizarles del uso y las consecuencias, posteriormente, una vez se ha reflexionado sobre los riesgos, les demostraremos nuestra confianza en ellos.
Las redes sociales como amplificadores de problemas del mundo real
Si tenemos en cuenta que en la adolescencia se forma su identidad, y las amistades pasan a ser lo más importante para él/ella, los padres en esta etapa pasan a un segundo plano. No quiero decir que no los necesiten, pero ahora su referencia son los amigos. Los padres y las madres siempre deberán estar ahí, nunca deben desaparecer.
Los adolescentes en esta etapa buscan la aceptación social y la pertenencia. Cuando no había Internet, la aceptación se basaba en que te dejaran entrar a la pandilla más guay o que el líder fuera tu amigo; mientras que ahora, con las redes sociales, la necesidad de la aceptación social se ve acentuada. La autoestima pasa a depender de los likes y los seguidores que tienes, de los comentarios (si tienes muchos o pocos, si son positivos o negativos) o la audiencia que tienes si haces un directo. Y todo eso puede desencadenar, por ejemplo, en obsesión por el físico y la belleza (cánones de belleza irreales por las fotografías de muchas y muchos influencers y los filtros que ha introducido Instagram, por ejemplo) y un enganche continuo a dedicar tu atención y tu esfuerzo por colgar la foto más llamativa.
Las redes sociales han amplificado problemáticas que ya teníamos antes y que solo se daban en la vida real, en la escuela, como por ejemplo el bullying. Ahora, también tenemos el ciber acoso, con memes y linchamientos, entre otros. Con ello, las redes sociales se han convertido en un lugar nuevo donde volcar el odio de manera virtual.
Estas son mis reflexiones, pero y vosotros y vosotras ¿habíais pensado detenidamente antes sobre vuestro uso de Internet? Sea cual sea vuestra respuesta, os invito a ver este documental, maravilloso, que hace reflexionar y replantearte muchas cosas a nivel personal y familiar.



