La asertividad es la habilidad de poder expresar tus opiniones, derechos y sentimientos sin herir al otro. Integrar la asertividad en tu vida puede ayudarte a mejorar tu autoestima.
Asertividad y autoconocimiento
Como ya venimos hablando en anteriores artículos, la asertividad es la capacidad de autoafirmarse ante los demás, haciéndose respetar a sí mismo y respetando a los demás a la vez.
La autoestima es la valoración de la imagen que tienes sobre ti. Y esa imagen se conoce como autoconcepto; es el esquema mental que tienes de ti, es la conclusión sobre ti mismo que has extraído de tus logros, fracasos, vivencias, experiencias, relaciones interpersonales…
Una persona asertiva tiene claros y conscientes sus límites, reconoce sus derechos, y eso forma una especie de blindaje; de manera que, como tú tienes claros tus pensamientos y tus derechos es mucho más difícil que las opiniones de los demás te puedan herir. Esto es así porque la asertividad requiere un trabajo previo de autoconocimiento.
Una persona asertiva es más probable que tenga alta autoestima, porque se mueve desde la serenidad, el respeto y la coherencia interna.

Asertividad y saber decir NO
La asertividad tiene que ver con tener muy claros tus propios límites, con la propia afirmación personal, con defender tus derechos e intereses y ponerlo en valor, sin violentar al otro.
Cuando nos decidimos a ser asertivos o asertivas, tenemos que integrar mentalmente que no todas las personas van a estar de acuerdo con nosotros. Todo que expresemos no le va a gustar a todo el mundo. Esto es clave tenerlo presente para que ante la respuesta de otras personas, protejamos nuestra autoestima, y nos reafirmemos. La asertividad conlleva aprender a saber decir no.
Cuando tú llevas a cabo una comunicación asertiva con otra persona, pueden suceder dos cosas:
- Que la otra persona no sea asertiva, y eso no depende de ti. El hecho de tú hayas practicado la asertividad te da la tranquilidad de saber que lo has hecho bien. Por tanto, tu autoestima se refuerza.
- Que la otra persona también sea asertiva gracias al estilo de comunicación y el tono que tú has empleado. Y cuando esto ocurre, es más probable que se genere en ti una sensación de eficacia porque has contagiado a la otra persona de tu estilo asertivo.
En ambas situaciones, se fortalece tu autoestima; estás actuando con serenidad y de manera coherente contigo mismo. Y a partir de ahí, te sentirás más seguro y confiado para aplicar la asertividad en futuras situaciones sociales.

Nuestra autoestima es importante, pero también la de los demás
También, es importante que cuando practiquemos la asertividad procuremos no dañar la autoestima del otro. Cuando seamos asertivos, debemos tener en cuenta la autoestima de la otra persona, especialmente en la comunicación familiar y de pareja.
Por ejemplo, imaginemos a un padre o a una madre que les preocupa que su hijo/a no realice las tareas escolares. Si los padres le dijeran “eres un/a vago/a, es que no se puede contigo, no vales para nada….”, estarían comunicándose de una manera agresiva, y a su vez, al colgarle una etiqueta (“vago, vaga”), estarían dañando su autoestima. Una manera de que los padres expresaran su preocupación con asertividad sería “Nos preocupa tu futuro, y en este sentido, los deberes son importantes para aprender, estudiar, y poder aprobar; no te estamos diciendo que no salgas con tus amigos, sino que por favor hagas los deberes para poder también salir con los amigos. Estamos seguro de que si te organizas bien lo puedes hacer tan bien como otras veces”
Es importante que le expresemos nuestra preocupación desde el afecto. También, que le validemos y reforcemos positivamente, recordándole momentos previos de capacidad. En familia, a la hora de comunicarse con los hijos y las hijas es muy importante hacerlo con asertividad; en definitiva, los padres somos su modelo más cercano de comunicación.
Y ahora, por ejemplo, en pareja, imaginemos que queremos expresar que necesitamos que la otra persona colabore más con las tareas del hogar. Una manera agresiva de decirlo sería a gritos y con amenazas “si no recoges tus cosas, yo no te las pienso recoger, eres un desordenado, siempre todo hecho un asco… ”. Esto ,al igual que en el caso anterior con el hijo, es una manera agresiva de expresarse. Lo más recomendable es que expreses tu necesidad y tu malestar desde la asertividad, con respeto y reconociendo también la necesidad del otro.
La asertividad fortalece nuestras relaciones interpersonales
Como vemos, la asertividad conlleva comunicarse con los demás cuidando la propia autoestima, y también la de los demás; así, se fortalecen nuestras relaciones, siendo más satisfactorias, al igual que la apreciación que tenemos de nosotros mismos. ¿Habías sido consciente alguna vez de preservar tu autoestima y a la vez cuidar la de los demás? Con la asertividad potenciarás tu autoestima y la de los demás, lo cual tendrá un efecto positivo en ti y tus relaciones.

